lunes, 5 de marzo de 2012

5/3/12 - Decisiones (Gálatas 6:7)

No hay que ser expertos en botánica para saber que cada planta o árbol que crece en la tierra tiene una semilla propia y particular, no podemos plantar una semilla de naranja y pretender que a los años crezca un árbol de manzana.


El pasaje de hoy nos va a hablar de un tema que quizás suene muy redundante pero al cual muchas veces no le damos la importancia que deberíamos darle. Gálatas 6:7 dice lo siguiente:


No os engañéis; Dios no puede ser burlado: pues todo lo que el hombre sembrare, eso también segará (Gálatas 6:7 RV1960)


En la vida todos tenemos semillas para plantar y se llaman decisiones. Toda la vida vamos a enfrentarnos a momentos o situaciones en los cuales tenemos que elegir lo correcto de acuerdo a los frutos que queremos lograr a través de esa decisión. Constantemente nos vemos obligados a tomar decisiones que van a marcar de alguna u otra forma nuestra vida y es que cada pequeña semilla que sembremos en el presente va a determinar lo que vamos a cosechar en nuestro futuro.


La forma mas fácil de equivocarse a la hora de decidir es tomar nuestras propias decisiones sin consultar la voluntad de Dios: Cuando nosotros elegimos seguir nuestro propio camino (que muchas veces va en contra de la voluntad general de Dios expresada en la Biblia) corremos el alto e innecesario riesgo de equivocarnos y comenzar a sembrar fracaso, dolor y sufrimiento para nuestra vida.


En cambio, buscar conocerle a Dios, pasar tiempo con su palabra y dedicar tiempo a orar son pequeñas grandes cosas que nos van a ayudar a la hora de tomar buenas decisiones; el camino a seguir esta marcado a lo largo de toda la palabra de Dios y a través de la lectura y la oración podemos descubrir la voluntad específica que Dios tiene para cada una de nuestras vidas.


¿Están todas nuestras decisiones ya tomadas de acuerdo a la voluntad de Dios? Siempre hay tiempo para decidir agradar a Dios, es solamente cuestión de estar dispuesto.


Que podamos elegir siempre el buen camino y que nuestra semilla sea en el futuro un hermoso fruto que le de a Dios al menos un poco de la infinita gloria que él se merece.


¡Que Dios te bendiga!

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